agosto 4

El camino de la hoz

El pasado 2 de junio tuve la oportunidad de volver a las hoces del Duratón. Ya las conocía desde arriba (las vistas desde la ermita de San Frutos son impresionantes) y desde el agua (hay algún tramo que puede hacerse en piragua), pero aún no había caminado al lado del río, dentro de la hoz, y la verdad es que la experiencia es 100% recomendable, sobre todo si puede hacerse algún día en que el camino esté poco transitado, puesto que es más fácil sentirse en plena naturaleza de ese modo. De hecho, por tratarse de una zona protegida por la cría de rapaces (del 1 de enero al 31 de julio), el número de personas que puede acceder ya se ve algo limitado dado que hay que solicitar una autorización para acceder en la Casa del parque de las Hoces del río Duratón.

El camino, de unos 21 kilómetros en total (ida y vuelta), es de fácil recorrido, puesto que se trata de un sendero casi llano a la vera del río. El paisaje transcurre sinuosamente siguiendo la hoz entre árboles y vegetación exuberante (por lo menos en primavera), repleta de vida y sobrevolada por los famosos buitres leonados, cuyos nidos pueden verse en las laderas de la hoz.

octubre 14

Una lengua glaciar de Vatnajökull

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En Islandia, por fin, pudimos caminar sobre un glaciar. Mola sentir cómo los crampones se agarran al hielo, ver cómo saltan pedacitos al caminar; es cansado, porque parece que tuvieras que hacer el doble de esfuerzo, pero también es impactante. Lo más alucinante es ver las grietas, interminables, por las cuáles podrías desaparecer si te cayeses en ellas…

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Pero no hace falta caminar por los glaciares para encontrarse con ellos. El glaciar Vatnajökull, que si lo veis en un mapa es gigante, tiene unas cuántas lenguas que pueden verse desde la carretera. La de las fotos creo que es Jökullsárlón, y aunque no es muy grande (el Perito Moreno tiene una altura mucho mayor) sorprende porque puedes tocar los trozos de hielo que se han ido soltando y que flotan por el lago. Un paisaje impactante.

octubre 8

Érase una vez un avión abandonado

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Érase una vez un avión abandonado en Islandia. El 24 de noviembre de 1973, un avión americano tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia debido a una supuesta pérdida de combustible, que en realidad era un fallo en los controles. O pudo tener problemas por el cambio drástico de temperatura mientras sobrevolaba el glaciar Vatnajökull. Sea como fuere, parece que todo el mundo concuerda en que el aterrizaje no se cobró vidas humanas, aunque quién sabe porqué misteriosa razón, se decidió dejar el avión abandonado cerca del mar, sobre la arena negra.

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Con el paso de los años el avión fue deteriorándose, mientras el interés de los turistas iba en aumento. A día de hoy el avión ha dejado de estar abandonado, puesto que a diario recibe multitud de visitas que lo fotografían, pisan y desmontan.

Y colorín colorado, esta historia se ha acabado.

octubre 5

Un glaciar gris

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En varias ocasiones en nuestro road trip por Islandia decidimos parar allá donde veíamos montones de coches, porque aunque no estuviera esa parada en nuestro planning podríamos ver algo cerca de la carretera principal (si hay muchos coches es que no hay que andar mucho, jeje).

Una de estas paradas fue en un punto entre el volcán de nombre imposible y el pueblo de Vík í Myrdal. Detrás de una pequeña colina nos sorprendió encontrar una lengua glaciar, la primera que vimos en el viaje, cuya principal particularidad es que no era blanca, si no que estaba manchada de gris. Más tarde nos enteramos de que está así desde la explosión del famoso volcán en 2010, momento en el que quedó cubierto de ceniza.

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