octubre 8

Érase una vez un avión abandonado

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Érase una vez un avión abandonado en Islandia. El 24 de noviembre de 1973, un avión americano tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia debido a una supuesta pérdida de combustible, que en realidad era un fallo en los controles. O pudo tener problemas por el cambio drástico de temperatura mientras sobrevolaba el glaciar Vatnajökull. Sea como fuere, parece que todo el mundo concuerda en que el aterrizaje no se cobró vidas humanas, aunque quién sabe porqué misteriosa razón, se decidió dejar el avión abandonado cerca del mar, sobre la arena negra.

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Con el paso de los años el avión fue deteriorándose, mientras el interés de los turistas iba en aumento. A día de hoy el avión ha dejado de estar abandonado, puesto que a diario recibe multitud de visitas que lo fotografían, pisan y desmontan.

Y colorín colorado, esta historia se ha acabado.

octubre 5

Un glaciar gris

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En varias ocasiones en nuestro road trip por Islandia decidimos parar allá donde veíamos montones de coches, porque aunque no estuviera esa parada en nuestro planning podríamos ver algo cerca de la carretera principal (si hay muchos coches es que no hay que andar mucho, jeje).

Una de estas paradas fue en un punto entre el volcán de nombre imposible y el pueblo de Vík í Myrdal. Detrás de una pequeña colina nos sorprendió encontrar una lengua glaciar, la primera que vimos en el viaje, cuya principal particularidad es que no era blanca, si no que estaba manchada de gris. Más tarde nos enteramos de que está así desde la explosión del famoso volcán en 2010, momento en el que quedó cubierto de ceniza.

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septiembre 30

Cascada de Seljalandsfoss

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Si comienzas a recorrer la isla por el sur, uno de los primeros rincones icónicos con los que te encontrarás es la cascada de Seljalandsfoss. Lo primero que llama la atención al acercarse es la cantidad de coches aparcados en el parking más próximo…teniendo en cuenta que durante el viaje habrá kilómetros donde no nos cruzaremos con nadie, impacta. Pero en verdad lo que más llama la atención es que es posible vislumbrar la cascada desde la distancia, porque se encuentra en lo que fue una escollera sobre el mar (que ahora está algo más lejos) en medio de una enorme planicie. Y está alta, sí; la caída es de 60 metros, y su orografía te permite «pasar por detrás», de modo que puedes sentir de cerca la fuerza con la que cae el agua.

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