junio 12

Árboles de altura

Una de las cosas que me apetecía experimentar del Kumano Kodo era su naturaleza,
frondosa y centenaria.

Caminar prácticamente solos por una naturaleza tan pura, tan poco modificada por
el ser humano (simplemente alterada por los pasos que la han recorrido durante siglos)
resultó ser una experiencia maravillosa…

¡Los troncos de algunos árboles son inabarcables!

Y mirar hacia lo alto y que el cielo esté cubierto de hojas…

…no tiene precio 🙂 

junio 8

Kumano Kodo

Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 2004, los “Sitios sagrados y rutas de peregrinación de los Montes Kii” constituyen hoy día un conjunto de caminos de peregrinación ubicados en la península de Kii (Japón). De los cuatro itinerarios propuestos, nosotros nos decidimos por la Ruta imperial, la que antaño hacían los emperadores, compuesta de cuatro etapas que llevan a dos de los tres templos principales del Kumano kodo, pero cambiando el último día de caminata por la visita al templo restante. 

Comienzo del Kumano Kodo en Takijiri-oji.

Un paisaje habitual del Kumano Kodo.

El camino está amenizado por pequeños templos, casetas donde sellar nuestra credencial y esculturas rodeadas de ofrendas.

¡Las vistas en todo momento son impresionantes!

 

Se trata de un camino muy recomendable, no excesivamente transitado (y eso que lo recorrimos en la Golden Week) y no demasiado complicado (aunque las subidas y bajadas se las traen, que los japoneses parecen no saber lo que son las zetas para hacer cuestas con menos pendiente). Sobre todo sorprende por sus paisajes, de bosques muy densos y pequeñas montañas, su fauna (vimos muchos cangrejos como el de la foto que sigue, alguna culebra, mariposas y pájaros…¡incluso una cabra japonesa que nos recordó mucho al espíritu del bosque de “La princesa Mononoke”! 🙂 ) y por ser una interesante opción para recorrer un Japón algo más desconocido.

junio 6

La Belleza de la perfección

“El pensamiento de que la Belleza pudo existir antes en alguna parte, me causaba invenciblemente un sentimiento de malestar y de irritación; pues, si la Belleza existía efectivamente en este mundo, era yo quien, por su existencia misma, me había excluido de él… La idea de que el Pabellón era algo imperecedero me abrumaba, levantando un obstáculo entre él y yo”.

“El Pabellón de oro”, de Yukio Mishima