El cementerio del bosque
En mis visitas a diversos países escandinavos, siempre me han llamado la atención sus cementerios, que, en lugar de ser recintos apartados de la ciudad, a los que sólo se va el Día de Todos los Santos (o para conmemorar alguna fecha importante), son parques dentro de la ciudad, con senderos y bancos, un lugar que recorrer y donde poder descansar y alejarse del ajetreo de la ciudad. En muchas ocasiones he visto a gente sentada en el césped, cerca de las tumbas, disfrutando de una charla con amigos (incluyendo bebidas alcoholicas, sí), o simplemente de un libro.
Éste es el caso de Skogskyrogarden, que aunque se encuentra un poco alejado del centro de Estocolmo, merece la pena visitar. La entrada al cementerio llama de por sí la atención porque parece estar en el paraíso; inmensas explanadas de hierba recién cortada, un templete al estilo griego, un bosque al fondo, donde se encuentran las sepulturas…
Al caminar por sus senderos es posible disfrutar de una paz y tranquilidad inemnsas.
Supongo que nuestra cultura o tradición religiosa es distinta a la escandinava, y que un proyecto así aquí puede resultar una misión imposible, pero, personalmente, me parece que éste no sería un mal lugar para pasar la vida eterna.
Middsomar
Siguiendo el refrán «más tarde que nunca», aquí está la foto que ilustra el comienzo de este verano: la celebración del Midsommar en Suecia.
Fue una cena curiosa en conmemoración del inicio del verano: buen ambiente y compañía, un tiempo espléndido, comida deliciosa, canciones, juegos y muchos muchos chupitos (no tan deliciosos 😉 )
Todo en una noche que no terminaba de llegar, rodeados de una naturaleza imponente y la tranquilidad que tanto necesitábamos. Por todo ello,
Skål!
Sosiego
Entre el aquí y el allí
«…pero nada te resulta tan desconcertante como viajar en el avión mismo, esa extraña sensación de estar en ninguna parte que te envuelve cada vez que pones el pie en la cabina, la irrealidad de verte propulsado por el espacio a más de mil kilómetros por hora, tan lejos del suelo que empiezas a perder la impresión de tu misma realidad, como si el hecho de tu propia existencia se te fuera escapando poco a poco, pero tal es el precio que pagas por salir de casa, y mientras continúes viajando, esa ninguna parte que se encuentra entre el aquí de casa y el allí de algún sitio seguirá siendo uno de los lugares en donde vives.»
Diario de invierno. Paul Auster




